OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR
Desde mi punto de vista, una de las condiciones primordiales que debe cumplir una novela negra para disfrutarla a tope es que el personaje principal (investigador, detective privado, agente de la ley, forense, etc.) posea el suficiente atractivo como para que merezca la pena acompañarlo en sus pesquisas, condición que cumple a la perfección Ismael Ortiz, el policía municipal, protagonista de “Marea de sangre“, un sujeto que lleva impreso el estigma de perdedor prácticamente desde las primeras páginas.
La historia no está ambientada en la España actual sino en los años 80, en una pequeña localidad costera turística, y Ortiz inicia una investigación por su cuenta en torno a la muerte en extrañas circunstancias de una joven extranjera que, aparentemente, se ha arrojado por la ventana sin explicación alguna. A partir de aquí, se van sucediendo una serie de muertes que lejos de amedrentarlo lo motivan aún más en su afán por esclarecer la verdad. Ortiz es un sujeto mediocre, casado con una alcohólica con la comparte un matrimonio terrible, se “tira” de vez en cuando a una compañera de trabajo y que, aburrido por la rutina de un trabajo que no le motiva demasiado, encuentra en su investigación una excusa no sólo para evadirse de todos sus problemas sino sobre todo para encontrar así un cierto grado de redención. De alguna forma, sabe que está batallando contra gigantes y sin embargo no ceja en su empeño de destapar todo el entramado en el que están implicados concejales, mafiosos, banqueros… en fin, los de siempre. Su quijotesco empeño nos retrotrae al ancestral mito de David y Goliat, aunque en este caso la piedra de la honda no consigue derribar al gigante, es más ni siquiera le roza y este aspecto es con diferencia lo que más me gusta del libro.
José Luis Muñoz escribe de manera ágil, sin excesivas descripciones y con un hábil manejo de diálogo costumbrista; en definitiva: con un estilo cercano a la novela policíaca de a duro (lo que los entendidos definen como literatura pulp) mezclando con habilidad entretenimiento, acción y erotismo pero también un distanciamiento narrativo que se traduce, en mi opinión, en una cierta frialdad (no sé si premeditada) con la que no conecto demasiado ya que me impide una mayor implicación como lector en gran parte de la trama. Sin embargo, el emotivo desenlace de la historia está a la altura de un personaje con semejante peso específico y si que consiguió conmoverme profundamente.
JOSEPH B MACGREGOR

Muchas gracias por esa reseña y tu comentario acerca de la novela. Estoy de acuerdo en tu apreciación de un cierto distanciamiento. Tienes razón y ahora no sé decirte si me salió así o lo busqué. Quizá era lo adecuado para lo que quería plasmar, para esa atmósfera gélida de Playa de Aro en invierno, en aquella época, y para los personajes, tristes, desmotivados, y el ambiente sórdido que reflejo. Yo creo que lo mejor de la novela es su perdedor nato que la protagoniza y el fatalismo que impregna toda la narración, lo que más me gusta de la novela y el cine negro, de ese cine negro de Jean Pierre Melville, por ejemplo, o de esas novelas de Jim Thompson o Marc Behm. Me alegro de que te haya gustado el final.
Hola José Luis, qué tal?
En realidad estamos de acuerdo en casi todo ya que a mí también me gusta el personaje de perdedor nato tan característico del género negro y por supuesto ese fatalismo que impregna la novela. La novela me ha convencido bastante aunque, como señalo en la reseña, hay momentos que me llegaron más que otros. Me confirmas que ese distanciamiento o frialdad eran intencionados y en ese sentido pienso que el objetivo está cumplido.
Un abrazo