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Archive for 5/11/10

OPINIÓN

Ladrón de espadas” es una suerte de thriller humorístico, que no paródico, resultado de una explosiva mezcla que une la novela de género norteamericana o británica de toda la vida con la jerga y el amable costumbrismo típico andaluz de una obra teatral de los Álvarez-Quintero. Semejante coctel se manifiesta principalmente en la voz narrativa, que no es otra que la deLadrón de Espadas y en algunos personajes como la agente de policía sevillana con nombre de protagonista de algún libro de Antonio Gala, Aparecida Vargas, o en los títulos de algunos capítulos. Esto se traduce en una suerte de sainete policiaco chispeante, fresco, divertido y optimista, que hace del costumbrismo su razón de ser y en el que lo más aconsejable es dejarse llevar si quieres disfrutarlo a tope.

Sin duda, nos encontramos con una novela de género insólita no tanto por lo que pueda tener de folklórico sino porque es uno de los pocos libros de intriga policiaca – yo creo que el único – que está contado en andaluz y en el que la idiosincrasia andaluza (o al menos una parte importante de ella; yo por ejemplo no me identifico con ella) tiene un papel básico y fundamental. Si he leído novelas desarrolladas en Madrid (La Isis Dorada de Jorge Magano; El documento Saldaña de Pedro de Paz) en las que tanto la ciudad cómo lo castizo tenía gran importancia; otras ambientadas en Barcelona en las que ponía de manifiesto aspectos sociales o culturales de la Cataluña actual (o del pasado); algunas centradas en destripar los entresijos de una pequeña localidad encerrada en sus ritos y costumbres… pero es la primera vez en la que alguien se atreve a contar una historia de este género intentando hacer una novela “a la andaluza”.

Semejante opción me parece digna de aplauso, muy valiente por parte de León Asuero por lo que tiene de arriesgada ya que algunos lectores pueden quedarse tan sólo con el elemento folklórico desestimando otros aspectos que considero quizá más interesantes o relevantes. Eso es un riesgo supongo que asumible por el autor que quiso contar la historia de la manera que consideró más adecuada y con la que sentirse más cómodo, más identificado.

Relacionado con todo lo anterior, encontramos en el texto a menudo comparaciones en las que se hace alusión a la pringue del jamón de bellota, lo saludable que es un cerveza bien fría; aparecen alusiones a todo tipo de tapas, pinchos, aperitivos a los cuáles los personajes son muy aficionados….

En definitiva, un elogio continuo a la caña y a la tapa cómo expresión de la alegría de vivir y el optimismo que quiere en todo momento trasmitir esta novela pero también para reforzar todavía aún más si cabe ese tono costumbrista a lo andaluz que al autor le interesa tanto explotar a lo largo de la narración, descubriendo sin querer (queriendo quizá) cuáles son sus gustos y aficiones o lo mucho que le gusta comer bien (a quién no) a este sujeto.

También en muchos momentos de la novela se aluden o citan letras de famosas coplas como “Ojos Verdes” por ejemplo o a palos del flamenco, en una novela en la que la música tiene una importancia primordial. Podemos hablar de una novela con banda sonora, con soundtrack original, pero como no sólo de copla vive el hombre también encontramos en ella viejos covers deFrank Sinatra o aplaudidos temas de Lennon y McCartney.

Enlazando directamente con todo lo anterior pienso que una de los aspectos más originales de la intriga policiaca es su absoluta falta de glamour. El protagonista de la historia es un experto ladrón de espadas pero ni sus modales, ni sus gustos ni aficiones tienen nada que ver con el Cary Grant de Atrapa un ladrón, con el Peter OToole de Cómo Robar un Millón” o más recientemente con el Pierce Brosnan de El secreto de Thomas Crown, por citar sólo tres caracterizaciones de ladrones de guante blanco que se me vienen a la mente en estos momentos.

Considero, en ese sentido, que esta falta de glamour – absolutamente intencionada por parte del autor – puede resulta un aliciente para el lector que busque en una novela divertirse, olvidarse un poco de los problemas cotidianos. Sólo hay que dejarse llevar por el optimismo vital que destila en todo momento esta historia.

Cada una de las espadas que sustrae Oscar, el protagonista, lleva aparejada una anécdota histórica. Esto le sirve como excusa a León Asuero para regalarnos algunas páginas muy ilustrativas y que sirve además para hacer una reflexión sobre lo absurdo de las guerras. Desde mi punto de vista, opino que estas explicaciones ralentizan un tanto la acción, despojándola de agilidad, pero estoy seguro que no todos los lectores serán de esta opinión. Cómo no soy fan de este tipo de novela para mi todas esas explicaciones están de más pero sin duda el lector interesado en la novela histórica podrá encontrar una serie de textos históricos muy bien documentados y excelentemente narrados y que le resultaran más que un lastre un aliciente.

Las motivaciones de Ladrón de Espadas no son únicamente altruistas sino también románticas. Cuando Oscar invita a Rebeca Lumén a través de una serie de mensajes secretos a colaborar con él devolviendo las espadas lo hace para aportar a la vida de ella un poco de aventura y emoción. Pero toda esta dinámica se traduce en una historia de amor muy romántica de una chica que se enamora de un sujeto misterioso al que nunca ha visto.

Por otro lado, nos encontramos con otra historia sentimental mucho más visceral y menos platónica, y por lo tanto más cercana y divertida, la que protagonizan Jack y Aparecida Vargas. Ambas pienso que se complementan a la perfección.

Finalmente, la intriga romántica está muy relacionada con la policial ya que la manera que tienen de comunicarse los dos amantes-bandidos es sumamente original, a base de mensajes que ella debe descifrar y en los que Oscar pone toda la piel en el asador y se muestra como un sujeto sentimental y detallista, como lo es León Asuero también.

Otra opción arriesgada la encontramos en la elección de la voz narrativa de la historia: Ladrón de Espadas, algo que en principio me parece bastante adecuado ya que al fin y al cabo debe ser él y sólo él quién se encargue de contarnos sus propias aventuras.

El problema se encuentra quizá cuándo nos cuenta también las diversas peripecias que van protagonizando el resto de personajes, situaciones en las que la mayor parte de las veces él no ha estado presente. En esta ocasión, el recurso de imaginar que las cosas podrían haber pasado así – que es el que utiliza el narrador – al comienzo si puede resultar convincente pero poco a poco se me antojó como un recurso algo artificial aunque comprensible por lo que comenté antes: no se me ocurre otra forma mejor de contar esta historia.

Optar por un narrador en tercera persona tampoco habría resultado una opción demasiado afortunada pienso yo. Además se perdería el tono con el que León Asuero deseaba explicarnos su historia.

Aunque la novela intenta funcionar a tres bandas como una intriga policíaca, histórica y romántica, pienso que es más una historia de personajes y en la que cada uno de ellos adquiere una importancia capital. Aunque Ladrón de Espadas es el que lleva la voz cantante, en realidad no existen personajes principales y secundarios sino que más o menos todos resultan esenciales para el buen discurrir de la trama. Quizá David, el inmigrante africano, si realiza un poco el papel de “escudero” del Caballero Andante, pero tanto el investigador soviético cómo el inspector británico, la policía andaluza o la novia del héroe me parecen que adquieren una presencia bastante equilibrada en importancia a lo largo de la historia. En ese sentido, León Asuero se ha preocupado mucho de crear unos personajes con los que el lector pueda simpatizar de inmediato y que no son ni buenos ni malos sino que cada uno – como decía Renoir – tiene sus razones o sus motivos. Me parecen, eso sí, algo caricaturescos muy acordes por otro lado con el tono fresco y chispeante con el que se intenta contar la novela.

(c) JOSEPH B MACGREGOR

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LA FIESTA DE ORFEO

Javier Márquez Sánchez

Editorial Almuzara

Colección: Narrativa

Año de publicación: 2009

Primera edición: octubre de 2009

Género: Policíaca y Terror

ISBN: 978-84-92573-72-1

429 páginas

Sinopsis oficial de la editorial

Inglaterra, 1956. El gobierno británico está desconcertado ante los horribles crímenes que han asolado una aldea de la frontera escocesa. El caso es puesto en manos del inspector de Scotland Yard Andrew Carmichael, especializado en sucesos extraños, y de su compañero, el detective Harry Logan.

Al mismo tiempo, una modesta compañía cinematográfica, Hammer Films, se ha propuesto volver a poner de moda el cine de terror con una innovadora y truculenta adaptación de Frankenstein. Para ello contratan al actor televisivo Peter Cushing, y le proponen para preparar su papel que recurra a diversos especialistas con los que profundizar en las raíces del miedo humano.

Todos coinciden en la búsqueda de La fête du Monsieur Orphée, una misteriosa película de la época del cine mudo que parece ir dejando un rastro de destrucción y tragedia tras ella.

Opinión

Tenía ganas de leer esta primera novela de Javier Márquez Sánchez después del buen sabor de boca que me dejaron sus dos anteriores obras: RAT PACK: VIVIENDO A SU MANERA y ELVIS CORAZÓN SOLITARIO. En ambos ensayos biográficos se evidenciaba una implicación total por parte del autor en los asuntos tratados y una entrañable complicidad con los personajes biografiados. Se trataban, por tanto, de unos textos en los que se podía apreciar una curiosa mezcla entre el afán divulgativo de Márquez y sus intenciones de hacer (buena) literatura.

Por eso, cuando me enteré que iba a publicar su primera novela quise leerla enseguida por confirmar mis sospechas de que nos encontrábamos con una excelente narrador-periodista y no con el típico periodista-narrador.

La experiencia, en ese sentido, no ha sido para nada decepcionante.

En primer lugar me parece muy original todo el tema de la película “diabólica”. De hecho, me quedé con la duda si la leyenda que se cuenta en el libro es cierta o inventada. Por otro lado, el planteamiento y descripción de las escenas sangrientas (rituales satánicos o descripción de los cadáveres por ejemplo) o de acción (persecuciones, enfrentamientos con los “pillos”) tienen muchísima fuerza; confieso que algún ritual satánico consiguió inquietarme bastante.

Quizá alguien pueda pensar que así como el personaje de Cushing está muy conseguido no sucede lo mismo con Carmachiel y Logan. Son sólo policías a los que cuesta encontrar algún rasgo en ellos especialmente sobresaliente. Parece que intentan cumplir con su labor llegando a tener un papel bastante secundario en la trama. Y aunque es cierto que de Carmichael se nos cuenta parte de su pasado, así como de Logan y se reflejan además manías y costumbres de cada uno de ellos, desde mi punto de vista la presencia de Cushing es tan fuerte a lo largo de la novela que finalmente consigue ensombrecerlos un poco. Esto no quita que la oposición entre maestro y aprendiz funcione a la perfección, estableciéndose entre ellos una relación de carácter casi paternofilial que considero muy conseguida.

Uno de los mayores aciertos de Márquez es que, capítulo a capítulo, comparte con nosotros un mundo propio de lecturas, cine (The Devil Rides Out (1968) de Terence Fisher como influencia más clara), e incluso comics de terror (algunas escenas me evocaron las que aparecían en comics de terror de mi adolescencia como Creepy o Rufus), sabiendo manejar la intriga magistralmente en todo momento así como la elección de escenarios reales o británicos, que se nota que conoce muy bien, de primera mano lo que ayuda a que nos antojen tremendamente fidedignos.

Pero está profunda cinefilia de Javier no sólo se refleja en temas, situaciones, diálogos o personajes – es decir en homenajes o guiños al buen aficionado al cine de terror clásico- sino también en el estilo narrativo del autor que se nos evidencia como muy visual. Márquez plantea su novela como una película, siguiendo la estructura de un guión cinematográfico, con un gusto escrupuloso por el detalle no sólo a la hora de describir escenarios sino incluso en los diálogos que mantienen los personajes en lo que se nos cuenta absolutamente todo lo que hacen: “el profesor se rasca la cabeza, fuma en pipa y mira al detective” (no cito textualmente, pongo sólo un ejemplo para que se hagan una idea de lo que digo). La mente del lector se convierte así en una pantalla cinematográfica en la que se van proyectando cada una de las escenas o situaciones descritas a lo largo de la novela con precisión milimétrica. Personalmente, en algunos momentos me habría gustado una mayor capacidad de síntesis narrativa pero es cierto que Márquez tiene ese estilo de contar las cosas, muy coherente con sus objetivos e intenciones, con sus influencias y su formación cinematográfica y literaria.

La Fiesta de Orfeo” es una novela muy entretenida, que se lee en un par de tardes porque tiene una “peligrosa” capacidad de enganche, con la que los cinéfilos- yo también lo soy ¿Qué pasa? – van a disfrutar como enanos y que posee una fuerza emocional y evocadora impresionante.

(C) Joseph B Macgregor

 

PUBLICADA EN ANIKA ENTRE LIBROS EN EL AÑO 2009

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OPINIÓN

Me ha ocurrido algo muy curioso con esta novela: conforme la iba leyendo me confirmaba en la idea de que si algún día decido por fin escribir un libro me gustaría contar mi historia de manera similar a como lo ha hecho F. Javier Castro Miranda. Y es que de las múltiples opciones que tenía para contarnos El Ritual (Proyecto UR-21) , Castro sin duda ha elegido la mejor pero también la más arriesgada. La mejor porque lo cuenta estupendamente y la más arriesgada porque no opta por el recurso más fácil o más comercial sino por el más coherente con los planteamientos iniciales aun a riesgo de ser tachado de sentimental o de excesivamente “Spielberiano”.

Me explico: El Ritual es una novela con planteamiento de thiller esotérico pero que enseguida se decanta por otros derroteros algo sorprendentes pero acorde con las inquietudes, obsesiones y motivaciones del protagonista. Martín es un médico muy bien considerado que abandona su profesión para colaborar en una organización que investiga las experiencias cercanas a la muerte (ECM). Pero esta decisión no obece a ningún capricho por su parte sino que surge tras la muerte de la mujer que amaba víctima de los brutales atentados del 11-M en Madrid. A lo largo de la narración se intercalan los capítulos dedicados a contar las peripecias de Martín con otros ambientados en diversas épocas históricas. El nexo principal de estos es un misterioso cilindro, objeto fundamental para realizar un ancestral ritual azteca, y que como “La farsa monea” de “mano en mano va y ninguno se la quea”.

Con semejante planteamiento, Castro podía haber optado por un thriller de acción en donde “buenos” y “malos” se enfrentan para conseguir el cilindro mágico. Sin embargo, prefiere arriesgarse con una historia de matiz sentimental, en el que las emociones están muy presentes; a flor de piel. Por eso, los personajes se nos antojan muy humanos ya que pueden sentir las mismas cosas que nosotros, experimentar los mismas dudas y vacilaciones, cometer los mismos errores o fallos. Martín siente que con la muerte de la mujer que amaba quedaron demasiadas historias sin cerrar y toda su motivación va encaminada a conseguir concluirlas de una vez; es decir algo que tiene que ver más con “Ghost”, “El sexto sentido” o la serie de televisión “Entre fantasmas” que con los films de Indiana Jones o las novelas de Preston & Child.

Esto no quiere decir que “El ritual” no sea una novela con una enorme labor de investigación o de documentación detrás, algo de lo que hace gala a lo largo de la narración (sobre todo en los diálogos). Este aspecto pienso puede beneficiarla, ya que aporta suculenta información sobre las ECM, pero que también puede jugar un poco en su contra. De hecho, aunque se trata de una excelente narración “El ritual“, a veces se me antojaba como un completísimo manual sobre las ECM. Lo que pasa es que este (presunto) exceso de información lo suple con una trama emocionante, que sabe tocar con intensidad en lo más profundo, sobre todo en algunos momentos que (lógicamente) no puedo ni debo desvelar pero cercanos al desenlace.

(C) Joseph B Macgregor

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