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Archive for 5/04/11

FICHA DE LA EDITORIAL

OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

Acostumbrados como estamos a series de televisión o películas ambientadas en institutos – Compañeros, Física o Química, Al salir de clase, Lucas Tanner (¡¡¡Qué tiempos!!!), High School Musical, Semilla de Maldad, Rebelión en las aulas, Mentes Peligrosas o El club de los poetas muertos – tan alejadas de la realidad cotidiana que se experimenta en las aulas, leer una novela como La Edad de la Ira, tan auténtica, tan fiel a lo que sucede en nuestro país, es toda una sorpresa; una novela aconsejable no sólo para profesionales de la enseñanza sino para todo aquel que quiera disfrutar con un buen libro, entretenido, bien contado, interesante y sobre todo muy pero que muy real.

Narrativamente, el acabado es impecable, los personajes muy cercanos y fácilmente reconocibles por todos.

Ya no como reseñista sino como docente – que se precia de conocer la realidad de primera mano ya que he impartido clases en institutos de secundaria durante unos años – pienso que el autor acierta al describir perfectamente el acontecer cotidiano de un instituto de Madrid. Un alumno comete un crimen (arroja una máquina de escribir contra su padre y lo mata, y agrede gravemente a sus hermanos) y un periodista decide investigar que ha podido motivarlo a realizar un acto tan brutal como ese.  Para ello, se entrevista con amigos del muchacho y con todo el equipo docente relacionado con él (jefa de estudios, tutor, director del centro, profesores, etc.) y en ese sentido nos encontramos con una novela muy “moderna”  ya que la investigación se realiza a través de documentos de textos o emails que escriben los implicados en la formación del alumno o de blogs (concretamente uno sobre cine clásico en el que participa el joven con un pequeño grupo de amigos y amigas).  Todo esto ayuda a dar una mayor verosimilitud y fortalece la trama de manera pienso que muy eficaz.

En ese sentido además la novela me ha gustado no sólo porque refleja muy bien lo que está sucediendo en la mayor parte de los institutos de nuestro país sino también por lo perfectamente que están retratados y descritos cada uno de los componentes del personal docente del centro, sobre todo cuando explica de manera tal auténtica esa desorientación que sufrimos actualmente muchos docentes, que no terminamos de saber qué somos: si meros suministradores de conceptos, materias o temas para la formación cultural de nuestros alumnos, educadores en valores, psicólogos / psiquiatras????; si podemos cambiar malas actitudes que vienen aprendidas de casa o de ambientes ya de por sí bastante degradados. Si sirve de algo lo que hacemos, si – como le sucede a los profesores del chico – ese crimen se podía haber evitado de alguna manera o hasta que punto sus educadores tienen parte de responsabilidad en su violenta actitud, tan inesperada en un alumno sino modélico al menos tranquilo e introvertido. Pienso que describe muy bien las distintas tomas de posturas o reacciones de los distintos profesionales implicados (director, jefa de estudios, tutor, etc.)

Pero si como documento fidedigno de un instituto me parece que esta novela no tiene precio, no opino lo mismo de su trama detectivesca o policíaca, coherente eso sí con el tono de la historia – es decir, prima lo real por delante de la ficción – pero que decepciona un poco (al menos a mí). Como sucede en la vida real con frecuencia a veces uno no encuentra todas las respuestas a un hecho concreto, y sobre todo si hay violencia o crimen por medio. Así, el periodista finalmente con la información que ha podido recopilar de unos y otros más que llegar a conclusiones concretas nos ofrece una serie de opciones o conjeturas que podrían explicar la reacción del joven homicida pero que tampoco están del todo claras ni resultan en absoluto concluyentes.  Pero es que en la vida real sucede igual. Cuántos casos conocemos, que aparecen día a día en los telediarios o periódicos de todo el mundo, cuya explicación o causa no llegamos a desvelar de todo. Por qué de pronto un hombre aparentemente tranquilo asesina a su mujer de un tiro y posteriormente se dispara a sí mismo; por que un maestro que nunca ha mostrado el más mínimo signo de violencia un día se les cruza los cables y agrede a un alumno o viceversa… ¿Quién tiene la culpa? ¿Su situación personal? ¿La crisis? ¿La política educativa? ¿Hace falta más mano dura?… Tampoco, en ese sentido, Fernando J. López acusa con el dedo a nadie. Se limita a ambientar la trama en un territorio que conoce bien y esto le ayuda a conseguir una novela muy auténtica, aunque quizá a uno le gustaría que se hubiera “mojado” un poco más y hubiera ido un poco más al fondo del asunto.

Pese a eso, a mí la novela me ha motivado hasta el entusiasmo; en resumen: que me ha dejado un buen sabor de boca.

JOSEPH B MACGREGOR

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FICHA DE LA EDITORIAL

OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

Antiresurrección la he experimentado como una inyección de pura adrenalina; novela de acción trepidante que uno siente tener que soltar por esas ocupaciones  que nos impone nuestro acontecer cotidiano o nuestro inevitable e imperioso instinto de supervivencia pero que gustaría leer en un sólo día para no perderse nada, ni un detalle, ni una coma… como esas pelis de la tele que uno visiona entusiasmado ( a ser posible zanpándose un inabarcable bol de palomitas de microondas o devorando varios paquetes rojos de “EL Kikonazo” ) hasta que aparece esa fastidiosa tanda de anuncios que inevitablemente nos lleva a cagarnos en la madre que parió a San L’OREAL de las Siete Llagas, sin ir más lejos;cambiamos de canal y ya le perdemos el hilo por completo.

Pues algo así me ha pasado con esta novela, que me fastidiaba tener que dejarla y retomarla al día siguiente (o cuando tenía tiempo) porque me entusiasmó desde el primer capítulo; primera pista en la que ya Juan Ramón Biedma nos avisa de que va a ir la cosa: unos jóvenes hacen botellón y se burlan o hacen bullying a un zombie gordo y patizambo que se balancea en un columpio de un parque público; es decir una historia de resucitados diferente, original, distinta pero a la vez que homenajea a todas esas pelis de muertos vivientes de las que hemos mamado los fans irredentos de este sub-género: desde maestros de la serie B como George A. Romero o John Carpenter hasta los más cutres (Lucio Fulci, Joe D’Amato, Mario Bianchi, Enzo G. Castellari… o nuestros adorados e idolatrados Jordi Grau o Armado de Ossorio); todos aparecen de una forma u otra aquí retratados. Lo aviso porque no es una novela para todos los públicos: aquí los zombies comen de todo (niños, enfermos de un sanatorio, mujeres embarazadas, etc.) por lo que la narración esta repleta de situaciones truculentas que Biedma describe con pelos y señales de manera eficaz hasta la nausea.

Pero aún hay más. Por el mismo precio, el autor nos regala también una novela de sociedad apocalíptica tipo Blade Runner, Mad Max, 1997:Rescate en Nueva York (y su secuela), Gattaca, 1984, Yo soy leyenda… es decir, una Sevilla caótica y al borde del abismo, invadida por zombies que se reproducen tan rápido como los colaboradores de “Sálvame” o los concursantes de “Gran Hermano“, cuyo hábitat por metro cuadrado aumenta por momentos, quedando pocas zonas de la ciudad andaluza en la que existan supervivientes. Semejante situación es aprovechada por los altos mandos para aumentar la represión  y la militarización de la urbe y también por la Iglesia para hacer de las suyas, favoreciendo el resurgimiento de diferentes sectas que buscan desde la curación milagrosa del zombie hasta la huida de los supervivientes (los elegidos) a Canaan, la Tierra Prometida. En ese sentido, la pluma afilada de Biedma no deja títere sin cabeza. A destacar, en ese sentido, el fragmento que se ambienta en una guardería en la que se intenta la integración de niños zombies – están enjaulados y su boca protegida por un bozal – junto a niños “normales” o el uso que los “profesionales” del negocio del porno hacen de algunos muertos vivientes.

En ese ambiente, el autor desarrolla una novela policíaca a priori un tanto “absurda”: una serie de muertes rituales que parecen que han sido provocadas por un asesino en serie y que investigan a dúo el teniente TrespalaciosAriza, una ex-policía heroinómana, al que se unirá después Chokos, un amortajador, es decir un oficial de los cuerpos especiales encargado de “retirar” a los muertos de las casas y que aprovecha de paso para “rapiñar” lo que puede. Y digo un tanto absurda porque ¿Qué sentido tiene tratar de descubrir o atrapar al autor de los homicidios cuando la ciudad entera esta muriendo y resucitando a pasos agigantados?. Sin embargo, a mí como lector me gusta mucho esa contradicción; quizá sea una de las cosas que más me motiva de todo; esa afán por parte de Trespalacios y sus colaboradores de cumplir con su misión a pesar de todo en un mundo que se derrumba sin solución como Harrison Ford en “Blade Runner” o Charlton Heston en “El último hombre…vivo”.

La  trama policíaca se alterna con otras sub-tramas cuyo interés opino que es bastante desigual. No me motivan de igual modo, pienso yo, las peripecias de Chokos (geniales) que la búsqueda por parte de la sobrina de Trespalacios de una amiga (que no aporta nada) o el día a día de un grupo de personas que convive con los zombies (engañándolos cubriendo su cuerpo con restos de piel muerta) llamado “Los recolectores” (hilo que encuentro algo desconectado con el resto). En ese sentido, el lector puede ir por delante de los investigadores en su peripecia ya que se les aporta pistas muy claras sobre cual puede ser el desenlace de la historia, aunque no totalmente ya que Biedma siempre se guarda algún as en la manga.

Diréis que no hago más que evocar películas cuando en realidad mis referentes deberían ser más literarios… sin embargo, insisto – como señalé al comienzo – que se trata de una novela que se puede leer como un film, muy visual, narrada por medio de capítulos cortos (como una novela seriada), descriptivos en lo preciso, con un ritmo trepidante… a veces, demasiado para mi gusto ya que uno está mayor y a veces se nos aporta mucha información a gran velocidad lo que obliga cuando uno llega al final a darle a la novela una segunda vuelta para comprobar si efectivamente están bien unidos todos los hilos de la historia y la verdad es que casi todos lo están. En mi opinión, lo único que no convence es la implicación final de uno de los personajes en el desenlace de la trama (y hasta aquí puedo leer para no desvelar demasiado).

Leer una novela de Juan Ramón Biedma es entrar en un mundo personal e intransferible, con el que uno puede comulgar o no (en mi caso sí) pero con una personalidad y un modo de contar propio e inimitable; un mundo en el que “zombie” podría ser sustituido por “inadaptado”, “marginado” o incluso “reseñista”…. o por todo aquel que no encuentra su sitio en una sociedad cada vez más intolerante, represiva o alienada o en la que quizá sean mucho más peligrosos los presuntamente humanos que los que somos tachados como monstruos por el resto.

(C) Joseph B Macgregor

 

 

 

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