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Archive for 23/04/11


OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR 

“La extravagancia siempre debe tener cabida en un mundo aburrido (Pág. 65).”  

Mistela con Aristóteles es una excepcional y divertidísima novela con la que Isabel Camblor consiguió ser finalista del IV Premio Rio Manzanares de Novela. Han pasado diez años pero todavía es un texto fresco, ameno, muy divertido y que continua estando vigente. No es el típico libro “moderno” que cuando pasa un tiempo está absolutamente “demodé”. Muy al contrario; uno de echa de menos más extravagancia, locura y humor en la literatura española actual y menos drama o historicismo de todo a un euro; más sonrisas y menos lágrimas; por lo que un texto como Mistela con Aristóles supongo que será recibido con los brazos abiertos por lectores, como es mi caso, que necesitamos de vez en cuando pasar un buen rato sumergido en una historia que como mínimo te dibuja una sonrisa en el rostro y cómo máximo te lleva directamente a la carcajada cómplice.

Isabel Camblor demuestra una especial habilidad a la hora de crear sus personajes. Están muy bien construidos, todos tienen su personalidad, sus razones; están muy bien descritos y realmente conseguidos; algunos de ellos incluso me han parecido perfectamente reconocibles en personas que he conocido en mi pasado. Pero sin duda la verdadera estrella de la función es Alicia (Ali para los amigos) una taxi-driver que se mueve por Madrid, aunque sus orígenes son catalanes, como pez en el agua y que posee además la capacidad de transformar sus migrañas en experiencias telepáticas. Cómo una suerte de Lina Morgan Post-Moderna, Ali vive obsesionada con perder su virginidad con un sujeto que ha visto sólo una vez y esta trama ocupa gran parte de la historia.

Junto a ella, se mueven una serie de personajes a cuál más curioso y extraordinario: sus compañeros de piso, Harry, un homosexual sin complejos y Pablo, un chico que no lo tiene claro en ese sentido;  una poetastra pasada de moda y algo hippie llamada Lucía que tuvo su momento de gloria durante la Transición Española como autora de “himnos revolucionarios”; Martínez, una compañera de trabajo que habla con la g (de ahí su apodo, La Poirot); Teresa, una pija que conoció a Ali cuando era pequeña y Jaime, su joven amante, presuntamente perseguido por el mafioso marido de ésta; todos ellos forman el mundo de Alicia que no vive precisamente en el País de las Maravillas. Cada uno de ellos cumple una función en el argumento: Harry, hace las veces de hermano mayor de Alicia mientras que Lucía y Martínez  adoptan el rol de asesoras – como una suerte de extravagantes Hadas Madrinas –  cuando ésta se siente confundida o necesita consejo. Teresa, la conocida de la infancia, le pide un extraño favor: que acoja en su apartamento a Jaime, su joven amante, porque su marido lo está buscando para cargárselo. Esta sub-trama también forma parte importante del argumento de la historia, pero queda un poco olvidada porque el empeño por parte de Ali de perder la virginidad con su enamorado ocupa un alto porcentaje del asunto. La aparición de un grupo de emigrantes muertos también parece estar conectado con la peripecia de Jaime y Teresa pero sólo aparentemente porque aviso que al final habrá muchas sorpresas.

Alicia es una chica de la que uno se enamora enseguida como lector y es fácil dejarse llevar por su odisea personal; reímos con ella y con algunos de sus amigos (principalmente con Harry, Lucía y Martínez) y, como señalé, al comienzo de la reseña es un libro que uno agradece leer porque le contagia un buen rollo maravilloso.

Por otro lado, en Mistela con Aristóteles, hay también lugar para la ternura o los momentos emotivos como cuando Ali y sus amigos contemplan en la televisión el inesperado atentado de las Torres Gemelas, uno de los fragmentos más bonitos de la novela. De igual modo, la descripción de ambientes y lugares está muy conseguida.

Quizá el único defecto que le veo sea su precipitado desenlace en el cual se despejan las presuntas incógnitas, muchas de ellas inimaginables y sorprendentes pero esto sucede también porque en ningún momento se tiene – al menos yo no la tuve – la sensación durante la lectura del libro que hubiera ningún misterio que desvelar. Por eso, me produce cierta extrañeza la resolución de la historia ya que parece más propia de un thriller o una novela de suspense que de una novela de humor en la que en principio no parecía haber demasiada intriga o suspense. Más claro, es como si leemos una novela en la que no aparece ningún crimen y al final descubrimos al asesino. En ese sentido, creo que a Mistela con Aristóteles le falta un poco de más argumento; es decir que aparezcan más sucesos que nos puedan hacer pensar en un desenlace como el que se nos ofrece finalmente; es imposible que sospechemos de nadie si no se nos da alguna razón para que lo hagamos y quizá a la novela le falta eso: una mayor desarrollo de la intriga policíaca que, desde mi punto de vista, es casi inexistente. En ese sentido, me pareció mucho más conseguida DIOS ES UNA DAMA CON MOÑO, novela posterior a ésta y cuya reseña escribí hace algunos años para AEL. La podéis leer al final de esta reseña, así como una animada entrevista que realicé a su autora.

Joseph B Macgregor

RESEÑA DE DIOS ES UNA DAMA CON MOÑO  para AEL

ENTREVISTA A ISABEL CAMBLOR PARA AEL


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FICHA DE LA EDITORIAL 

OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

Viaje al Punjab y Cachemira no es una obra de ficción ni una novela. Pertenece a un género literario que se ha dado en llamar “libro de viajes” y eso es lo que ni más ni menos.  En ese sentido, el texto firmado por el geólogo y explorador Guillaume Lejean adolece precisamente de ese “defecto”:se nota mucho que Lejean no es escritor sino un estudioso, un investigador, un geógrafo. Como narrador deja, desde mi punto de vista, mucho que desear, no porque la descripción de la mayoría de sus peripecias no sean amenas o porque en un alto porcentaje las cosas que nos cuenta no sean interesantes o motivadoras si no porque pienso que en la narración de su viaje por el Punjab y Cachemira no supo separar lo verdaderamente esencial de lo accesorio, aportando en algunas ocasiones información poco interesante, imprecisa o pueril.

Por lo demás, incurre en algunos despistes o errores como narrador tal y como él mismo explica en el capítulo XIII:

Al repasar mis últimos relatos comprendo que he incurrido en una de esas distracciones que un viajero confiesa con más o menos sinceridad: he hablado de mi permanencia varios días en Srinagar y, mirando ingenuamente a mis lectores como si fuesen habitantes de Cachemira, se me ha olvidado describirles la ciudad, lo mismo que si se tratase de Londres o de Madrid; pero más vale tarde que nunca. Voy, pues, a dejar Naochera con su bonito paisaje, para volver un cuarto de hora a Srinagar, a fin de pagar mi deuda. 

Otro ejemplo de su falta de pericia como escritor lo encontramos en el capítulo XVI en que Guillaume Lejean prefiere reproducir (lo que ahora se llamaría un “copia y pega”) un extenso fragmento firmado por Burnes ( al que define como un viajero más entendido que él en monumentos indios modernos) en el cual éste realiza una descripción minuciosa de Lahore, capital del Noroeste Indio, famosa por sus joyas arquitectónicas, ahorrándose así tener que realizar la descripción de lugar.

Sin embargo, a pesar de estos defectos, poco importantes desde mi punto de vista, el libro en sí me ha parecido una joya, muy interesante, ameno e incluso en ocasiones hasta divertido. Los textos aparecen apoyados siempre por ilustraciones realizadas por el propio autor del libro a partir de imágenes originales o bien de fotografías de la época. Son dibujos realizados a lápiz o carboncilla de gran calidad que refuerzan además la condición de cuaderno de viaje.

Por otro lado, el texto gana en interés cuando Guillaume Lejean evoca las grandes gestas de Alejandro (Por ejemplo la Batalla contra el ejercito de Pontos) o nos ilustra detalladamente acerca de algunos cuentos o leyendas locales.

De todos modos, lo que considero más motivador del libro es el enfoque que Guillaume Lejean da a su viaje, como el de un observador interesado sobre todo por la arquitectura pero más que nada por la antropología pero que observa todo desde la distancia, sin implicarse demasiado y con ningún deseo de mezclarse en exceso con los diversos pueblos o razas con las que se va encontrando a lo largo del trayecto. El explorador se coloca siempre en un nivel superior, como si el hecho de ser europeo le otorgara cualidades especiales o diferentes a los habitantes de la India. Lejean expresa su desprecio por la cultura hindú, por ejemplo no le gustan nada ni encuentra valor alguno en los edificios puramente hindúes y sin embargo, si le parecen de gran belleza todas aquellas manifestaciones arquitectónicas o artísticas que surgieron de la mezcla de la cultura griega e indígena. Por otro lado, de los pueblos con los que se va encontrando a lo largo del viaje sólo le interesan aquellas razas que denotan un origen ario:

“La población aquí, así como la de todo el valle, pertenece al tipo ario: la raza que yo he visto es casi europea, sin esos caracteres que tanto nos desagradan en los indígenas de la India, como la excesiva delgadez, los pómulos demasiado salientes y el color casi negro. El tinte más claro de los naturales de Cachemira es debido, evidentemente, a la pureza de raza tanto como a la posición geográfica del país en las altas tierras. Si las campesinas, curtidas y tostadas por el aire y el sol, tienen un color algo semejante al de las mujeres del Punjab, las de la clase media, que salen poco, me han parecido tan blancas como las italianas (pág 93).”  

“Por el tipo se asemejan los tayik a los arios, y su idioma es también análogo. […] Como tipo, se distinguen por su color claro, cabello rubio y ojos azules; y dado que ocupan precisamente todos los alrededores de la meseta de Pamir, que se reconoce hoy como cuna probable de la raza aria, podrían muy bien representar la rama más antigua de aquella (pag 131). ”                                                                                                                                                                      

 También resulta muy interesante cuando visita aquellas regiones que todavía no han sido colonizadas por los ingleses, como por ejemplo Cachemira que es gobernada por el maharajá Ranbir Singh al que describe como un reyezuelo sin escrúpulos que se enriquece a costa de explotar a su pueblo y de cargarlos con impuestos excesivos. Estas ganancias no se empleaban para mejorar la región sino para su propio beneficio y el de su cortesanos. En ese sentido, todas aquellas partes que se dedican a describir el funcionamiento o los tejes y manejes de Ranbir resultan muy interesantes. Lejean se muestra siempre defensor del colonialismo inglés ya que piensa que las zonas ocupadas por los ingleses denotan un mayor progreso, gracias precisamente a la acción del gobierno británico que se ha ocupado de mejorar las condiciones de vida de los indígenas.

“Ya he descrito los puentes de Srinagar, formados por sólidas planchas de madera de deodar; y ahora añadiré que a pesar de las crecidas y la rapidez del Hidaspes, hay algunos que cuentan varios siglos de existencia. Comienzan, sin embargo, a deteriorarse por la parte superior, pero el gobierno no hace nada para repararlos. Es de esperar que antes de que se hayan hundido completamente habrá reemplazado el gobierno anglo-indio al maharajá; esta es la única probabilidad de que se conserven(pág. 88).”  

En ese sentido, Lejean se nos muestra como un francés que se siente de una raza superior, defensor radical del colonialismo, de gran cultura pero que no puede evitar viajar a través de la India con mentalidad europea. Son constantes las comparaciones que hace de ciudades o aldeas indígenas y también de templos y otro tipo de construcción hindú con ciudades europeas a las que se asemejan o manifestaciones artísticas o arquitectónicas de origen griego o latino. En la comparación casi siempre suele salir perdiendo la de origen hindú, a no ser (como ya señalé antes) que en la obra se muestren huellas de la mezcla grego-hindú o europea.

JOSEPH B MACGREGOR 

RESEÑA DE ARIODANTE PARA EL PLACER DE LA LECTURA

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