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Archive for 25 agosto 2011

Última isla – Lafcadio Hearn

Ambientada en la costa de Nueva Orleans, Última Isla es una novela en la que el paisaje se convierte en el personaje principal de la historia durante gran parte de la narración. Hasta prácticamente la mitad de la misma, Lafcadio Hearn nos describe con escrupulosa minuciosidad hasta el más pequeño recoveco del escenario en el cuál va transcurrir la acción, concentrada en la última parte de la novela. Así, la isla adquiere una importancia fundamental, así como la atmósfera, los colores, la brisa, los aromas y olores, el paso de los pequeños vapores que realizan su travesía de una isla a otra, la vida de los isleños, etc. De igual modo, los fenómenos atmosféricos – en ese caso, un par de vendavales acompañados de un devastador maremoto – son descritos con gran precisión, trasmitiendo una inquietante sensación de angustia en el lector de manera eficaz, como si fueran testigos del desastre en directo y en primera persona.

El maremoto cubre por completo Última Isla, provocando la muerte instantánea e inevitable de la mayor parte de sus habitantes. A partir de aquí, comienza una historia protagonizada por un matrimonio de pescadores de una isla cercana que consiguen rescatar de las aguas a una pequeña, la cual adoptan ya que se presupone que sus padres murieron durante el desastre. En esta parte de la narración, hay una descripción profunda de sentimientos, experiencias y sensaciones que van sufriendo los distintos personajes que la protagonizan, consiguiendo un admirable equilibrio entre el mundo interior y exterior de cada uno de ellos, una correspondencia perfecta.

Existe además, por parte de Lafcadio Hearn, una preocupación por cuidar la arquitectura de la novela. Así, Última Isla se nos muestra como una obra de artesanía, en la que la palabra tiene una importancia enorme así como el modo en que se construyen los párrafos, con enorme pulcritud. Consigue así una narración de gran belleza en la que no importa tanto lo que cuenta sino como lo cuenta. De hecho, el único conflicto que se plantea resulta algo previsible.

Por lo tanto, Última Isla se disfruta por la impresionante labor de artesanía realizada por Lafcadio Hearn y por la manera tan hermosa que tuvo éste de contar su historia en la que lo sensorial (colores, sentimientos, atmósfera) adquiere una transcendencia vital como vehículo para trasmitir emociones en el lector.

JOSEPH B MACGREGOR

Reseña publicada en EL PLACER DE LA LECTURA

 

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OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

La niña que iba en hipopótamo a la escuela (Premio Tanizaki 2006), nos cuenta una bonita y emotiva historia de amistad entre dos niñas, que al final, nos deja además con un buen sabor de boca. La narración está ambientada en el Japón de los años 70, y pertenece al ciclo dedicado a la amistad y la infancia ideado por la novelista japonesa Yoko Ogawa (Okayama, 1962).El primer título de esta serie de novelas fue La fórmula preferida del profesor (Funambulista, 2008), best-seller internacional, del que se vendieron más de dos millones de ejemplares sólo en su país.

Las protagonistas de la historia son dos niñas, Tomoko, huérfana de padre, la cual
se traslada del campo a la ciudad (por lo que verá obligada a alejarse de su madre) para iniciar allí su estudios de secundaria, y su prima Mina, la cual utiliza a una hipopótama enana como medio de transporte para trasladarse de su casa al colegio, ya que padece asma y no puede fatigarse demasiado. Algunos de los parientes de Tomoko (su tío, su tía abuela Rosa) son de ascendencia alemana. Este aspecto aporta a la novela una cierta novedad ya que habitualmente la literatura nipona se centra en describir usos y costumbres típicamente japoneses, confrontando en muchas ocasiones tradición con progreso.

Por eso, el carácter mestizo de la familia de Tomoko, presente en un tipo de vida en el que se mezcla lo oriental y lo europeo, se refleja también en el modo de narrar de Yoko Ogawa cuyo estilo surge de la simbiosis de las distintas influencias literarias de la autora y que van desde El diario de Ana Frank, Iván Turguenev o Katherine Mansfield hasta las obras de Kenzaburo Oé o del Premio Nobel Yasunari Kawabata.

Por eso, sorprende mucho la manera de narrar de Ogawaya ya que no se tiene la sensación de estar leyendo una novela japonesa al uso o de corte tradicional, sino que posee la prosa, la estructura y el ritmo de una historia europea o incluso norteamericana (Matar a un ruiseñor de Harper Lee).

No existe un conflicto central sobre el cual giran los personajes. La narración describe una serie de anécdotas o peripecias, que suelen ocupar un capítulo o dos, y que surgen de los recuerdos o evocaciones de una Tomoko adulta y en los que describe la relación tan especial que mantuvo con su prima Mina y con el resto de habitantes de la casa, incluida la pequeña hipopótama.

Algunos de los sucesos más trascendentes acaecidos en Japón a comienzos de los 70 (El suicido del Premio Nobel Yasunari Kawabata, Los atentados terroristas de las Olimpiadas de Munich o el triunfo del equipo de vóleibol japonés en dichas olimpiadas) adquieren gran importancia o trascendencia a lo largo de la historia. Así, la Tomoko adulta describe de qué modo afectaron dichos acontecimientos en la vida de sus familiares o en las dos crías, como una suerte de “Cuéntame cómo pasó” nipón. Sin embargo, igual de importantes para ella son los pequeños detalles, los momentos sentimentales o emotivos, las anécdotas entrañables, las aventuras cotidianas; en definitiva todo lo que Tomoko compartió o experimentó con cada uno de los miembros de su familia, pero especialmente con su prima.

De todos estos recuerdos, pienso que cobra una gran importancia la colección de cajas de cerillas de Mina y, sobre todo, los cuentos que ésta escribe inspirados en los dibujos o ilustraciones de cada una de ellas; narraciones fantásticas que comparte y deja leer a su prima Tomoko y en la que demuestra una gran capacidad de fabulación y una profunda sensibilidad. Dentro de la historia, aportan un toque de emoción y originalidad que se agradece mucho.

En general, La niña que iba en hipopótamo a la escuela me parece una novela entrañable y muy emotiva que deja un poso en el lector, repleta de humanidad y autenticidad y que por eso no te dejará indiferente.

JOSEPH B MACGREGOR

Reseña publicada en EL PLACER DE LA LECTURA

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FICHA DE NEVERLAND EDICIONES 

OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

En Fantasmas de Kensington, J.D. Álvarez nos ofrece una obra oscura, siniestra y de ambiente de pesadilla, ambientada en un universo que se nos muestra como el reverso tenebroso de Neverland, el mundo fantástico creado por J. M. Barrie, en donde Peter Pan, el personaje que le dio mayor celebridad, vivió todas sus aventuras. Para ello, utiliza a una personalidad real, Peter Llewelyn Davies, el cuál sirvió (cuando era un crío) como inspiración a Barrie para la creación de Peter Pan. De este modo además, Álvarez nos muestra una visión del escritor y de su relación con Llewelyn Davies y el resto de su familia que  lejos de ser idílica o maravillosa, fue más bien triste y dramática.

El autor de Fantasmas de Kensington fabula con la posibilidad de que un anciano Peter Llewelyn Davies, el cuál se suicidó arrojándose a la vía del tren, simulara su muerte, marchando a una aldea escocesa cuyo nombre es idéntico al de la primera aventura de Peter Pan, The Little White Bird. En ese extraño lugar irá coincidiendo con una serie de personalidades insólitas que encuentran su correspondencia con los principales personajes de la novela de Barrie. También, Peter Llewelyn Davies será visitado por los fantasmas de su pasado, relacionados ver con su participación en la Primera Guerra Mundial.

El argumento no sigue un progreso lineal sino que está formado más bien por acumulación de anécdotas, de tono siniestro, onírico o fantasmal, no exentas tampoco de momentos truculentos o terroríficos. Esta opción no es caprichosa sino que tiene un porqué y encuentra su sentido en el desenlace de la historia.

Las ilustraciones de Alberto Martín Martínez acompañan perfectamente y de manera muy eficaz al texto; me parecen muy adecuadas ya que comparten el tono sombrío y de pesadilla del universo creado por J.D. Álvarez.

JOSEPH B MACGREGOR

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NOTA DE PRENSA DE Alboratorio Literatura E Ilustración

FICHA TÉCNICA DE MIL MILLONES DE TUBERÍAS

FICHA TÉCNICA DE AVENTURAS EN ESPIRAL

OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

Mil millones de tuberías y Aventuras en espiral son los dos primeros títulos hasta la fecha de la colección “Mil millones de Tuberías”, creada por el dúo formado por Diego Arboleda (texto) y Raúl Sagospe (ilustraciones), publicada por Anaya Infantil y Juvenil.

Se tratan de dos historias de aventuras, ambientadas en un mundo gris y azul,  protagonizadas por un niño llamado M y su amigo Gatucho que viven una serie de emocionantes peripecias a través del laberinto de tuberías que conforma el subsuelo de la ciudad. El país está gobernado por el Rey Maximiliano –conocido también como El Rey Flaco– , aunque quién lleva realmente las riendas del asunto es Carpio, su consejero, un sujeto siniestro y malvado cuya principal aspiración es convertirse en rey.

En el primer título de la serie, Mil millones de tuberías, un meteorito cae sobre el jardín de la casa de M. Los científicos del reino se lo llevarán para examinarlo pero M se queda con un trozo y escapará a través del laberinto de tuberías para evitar que se lo quiten. Allí se encontrará con muchas sorpresas. En el segundo, Aventuras en espiral, los habitantes de la ciudad han sido hipnotizados por Carpio para conseguir así ser elegido rey del país.  M y Gatucho intentarán destruir la extraordinaria maquinaria hipnotizadora de Carpio, formada por un enorme disco en el aparece impreso un dibujo en espiral, y conseguir despertar a la población. Ambas se caracterizan por la frescura, el ritmo sincopado y la amenidad. Son historias repletas de aventuras sin fin, muy emocionantes y entretenidas, protagonizadas por unos personajes, tanto los principales como los secundarios, magníficos y muy bien ideados.

Mención aparte merecen las ilustraciones de Raúl Sagospe que sirven no sólo de apoyo al texto, sino que en muchas ocasiones lo complementan y sirven para que avance la acción. En el segundo libro incluso se utilizan formatos tales como el cómic, viñetas con bocadillos o páginas desplegables en la que se muestra un particular tablero del juego de la oca y no se emplean de manera gratuita o caprichosa sino acorde con el texto al que acompañan. Los dibujos adoptan un estilo caricaturesco que me ha evocado a aquellos tbos de Bruguera de mi infancia, firmados por genios tales como Francisco Ibáñez, Manuel Vázquez, Raf, Rovira o Martz Schmidt.

Estos dos libros resultan muy aconsejables no sólo para pequeños lectores (a partir de 10 años) sino también para todas aquellas personas que quieran pasar un buen rato disfrutando con un par de historias muy entretenidas y divertidas, con las que regresar por unas horas a la infancia.

JOSEPH B MACGREGOR

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Sinopsis de Miscelánea Editorial:

El héroe de esta brillante novela de E.L. Doctorow, el maestro de las letras americanas, es Joe, un joven que escapa de la Gran Depresión. Huye de su hogar en Patterson, New Jersey a la ciudad de Nueva York y aprende la cruda realidad de la vida antes de seguir su ruta con unos feriantes. En una noche de verano está solo y temblando de frío, intentando dormir al lado de unas vías de ferrocarril en las montañas de Adirondack, cuando por su lado pasa un vagón privado. Su interior está iluminado y a través de las ventanas puede ver a varios hombres bien vestidos sentados a una mesa y, en otro compartimiento, a una hermosa mujer desnuda que sostiene un vestido blanco mientras se observa en un espejo. A partir de esa noche, Joe seguirá las vías hasta la misteriosa propiedad de Loon Lake, donde encontrará a la chica además de a sus acompañantes: un empresario de éxito, un aviador, un poeta borracho y un grupito de gángsters

Así se presenta el escenario para una cautivadora historia de misterio y amenaza, avaricia y ambición, lujuria desatada y tierno amor que desnuda las profundidades más oscuras del corazón humano y el lado “pesadillesco” del sueño americano. E.L. Doctorow ha escrito una novela que brilla con pasión y poesía, iluminada por la antorcha de la humanidad y la historia, el horror y la verdad.

Doctorow es el gran alquimista. Cada libro suyo le devuelve a la historia la dignidad literaria que otros intentan robarle cada día.”

– Juan Gabriel Vásquez

OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

Posiblemente, El Lago de E. L. Doctorow no me ha convencido tanto como en otras ocasiones aunque también es cierto que este autor difícilmente te defrauda, tal y como ha sucedido en esta ocasión.

Publicada  tres años después de Ragtime – la novela que le encumbró a la fama, con la que logró el respeto de crítica y  lectores de todo el mundo (con total merecimiento desde mi punto de vista) y que incluso fue llevada al cine en 1981 por el gran Milos Forman-, El Lago se me antoja como un texto menos impactante o asombroso, aunque no esté falto de originalidad (sobre todo en el aspecto formal) ni de emoción tampoco.

En general, la narrativa de Doctorow se caracteriza principalmente por el intento de conjugar la novela dramática, cien por cien norteamericana, cercana al Best-Seller, con el texto experimental o de vanguardia; algo que pienso que consiguió plenamente con Ragtime pero que sin embargo no termina de funcionar del todo en El Lago, quizá porque la historia no es tan interesante o al menos no termina de engancharte a la primera como si sucedía con su novela-revelación. Sin embargo, el equilibrio entre experimentación y narración tradicional sí que me parece que está bastante conseguido; es decir, que en este caso los árboles no nos impiden ver el bosque.

Como consecuencia directa de todo lo anterior, el autor pone especial énfasis en conseguir una arquitectura narrativa diferente, sólida, convincente, adecuada y eficaz, ensayando modos distintos de contar las cosas: dando voz – a través del uso de múltiple puntos de vista – a cada uno de los personajes que intervienen en la trama; mezclando prosa con poesía o con documentos administrativos (aparecen los Curriculum Vitae de cada uno de ellos, por ejemplo); y añadiendo otro tipo de recursos como el flashback, la descripción de sucesos oníricos o mostrando las diferentes opciones de resolución de un mismo conflicto.

Como señalé anteriormente, todo esto podía haber dado como resultado una novela más o menos aparente aunque vacía de contenido, pero afortunadamente no es así. Y esto sucede porque los personajes están bien explicados y la mayor parte de sus peripecias resultan interesantes o motivadoras., aunque no en la misma medida que en otras novelas. Y esto es así porque El Lago se me antoja como una obra mucha más densa que otras que he leído de este autor, alternando excelentes momentos con otros que no lo son tanto y que incluso me provocan cierta impaciencia. En ese sentido, nos enfrentamos con una trama bastante espesa y compleja, que requiere una segunda lectura para poder encajar bien todas las piezas del puzle.

Otro aspecto fundamental y que define el estilo de Doctorow es su interés por centrar sus argumentos en los diferentes periodos de la historia Norteamericana. Sus personajes se mueven en paisajes o escenarios en los que están presentes célebres sucesos que forman parte de la leyenda o de la mítica americana o se relacionan con personalidades reales que se hicieron famosas a su vez por protagonizar algún acontecimiento histórico. En El Lago, los protagonistas principales del drama son resultado o consecuencia para bien o para mal de la Depresión del 29. En ese sentido, hay un cuidado especial por parte del autor de reflejar una época y de hacerla creíble, convirtiéndola en un elemento esencial a lo largo de la trama, algo que pienso que sí que consigue con gran maestría.

JOSEPH B MACREGOR

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FICHA TÉCNICA de PULPBOOKS

Opinión de Joseph B Macgregor

Desde mi punto de vista, Querida Catástrofe, el nuevo libro de Teresa Moure, es una novela fresca, divertida y desenfada ideal para leer en verano. La historia se centra en describir la crisis de una pareja joven así como de qué modo intenta cada uno de ellos dar un poco de aire fresco a su relación. Se desarrolla entonces una suerte de vodevil de ambiente burgués y que sirve como excusa a la autora para reflexionar sobre lo complicadas y contradictorias que son en muchas ocasiones las relaciones sentimentales.

Por otro lado, el punto de vista adoptado me ha parecido sin duda lo más interesante o sugestivo de la novela en cuestión. La narradora de la historia, presunto alter ego de la autora, se convierte en uno de los protagonistas esenciales de la narración. Aunque no interviene directamente en la acción de los personajes, sí que los critica, se burla de ellos o expresa sus recelos o dudas sobre los conflictos que se van planteando a lo largo de la historia. De igual modo, interpela al lector, interrumpiendo la acción, y se atreve a darle consejos sobre cuándo y cómo leer la novela, qué actitud tomar, en que momento es más adecuado leer un capítulo concreto, etc.

Sin embargo, pienso también que la presencia de esta narradora ensombrece en muchas ocasiones las peripecias de los personajes implicados en la historia, adquiriendo, desde mi punto de vista, un excesivo protagonismo que perjudica la narración, la entorpece o consigue que me distancie un poco de lo que estoy leyendo.

Por último señalar, la importancia vital que posee en cada una de las peripecias descritas en la novela el mundo de las sensaciones que experimentan los personajes (las caricias, los gestos de cariño o de seducción). En ese sentido, se pone especial énfasis en la piel como principal órgano transmisor de éstas, aspecto éste que me parece especialmente cuidado por parte de la autora y que aporta un elemento extra de interés a la historia.

JOSEPH B MACGREGOR

 RESEÑA PUBLICADA EN “EL PLACER DE LA LECTURA”

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Opinión de Joseph B Macgregor

Breve historia de un amor eterno es la crónica de una obsesión, la de un hombre (Attila) por una mujer (Orsolya) de la que éste cree estar enamorado, pasión que dura muchos años de su vida y que deriva en una perniciosa mezcla  de masoquismo y de culpabilidad. Por lo tanto, es también una historia de autodestrucción en la que el protagonista, único narrador de la novela, es capaz de perder su propia dignidad, instalado en el autoengaño de un amor que ya no existe y la melancolía de un tiempo pasado que ya no volverá.

La acción se sitúa en Hungría, poco después de la Segunda Guerra Mundial. Orsolya pertenece a una familia de rancio abolengo, mientras que Attila es “La vergüenza de la clase, el adolescente que suspendía exámenes y los tenía que repetir, el alumno don nadie que fue educado por su abuela, la vendedora del mercado…” (pag.11).  Sin embargo, comienza a publicar sus primeros libros y es considerado como joven talento de las letras por la sociedad de la época, por lo que es invitado a una serie de veladas aristocráticas en las que vivirá su historia de amor con Orsolya. Pero el tema de la diferencia de clase entre ambos será  motivo de constante preocupación por su parte ya que piensa que a la larga podrá perjudicarle en su relación y que ella terminará rompiendo con él por ese motivo. Con el tiempo, sus temores se verán justificados pero Attila no acepta que ella haya dejado de quererle por lo que comenzará a acosarla, iniciando así un imparable proceso de autodestrucción que culminará en el patetismo más atroz:

Las mujeres jirafa, con las vértebras separadas, mueren sin remedio si se les quitan los anillos. El cuello, anormalmente alargado, se desploma, y la cabeza cae inerte sobre el pecho.

Los años pasados con Orsolya me habían convertido en los anillos de plata sujetos a las vértebras de esas aborígenes. El yo sin independencia intentaba en vano levantar su cuello de jirafa, no podía vivir sin apoyo. “(Pág. 183).

De este modo, aunque Attila es culpable al no aceptar que todo ha acabado y que nunca podrá recuperarla, también es cierto que ella siempre deja abierta una puerta a la esperanza como una forma de acallar sus constantes acosos.  Ambos mantienen una suerte de relación sadomasoquista que les beneficia pero que a la larga terminará por perjudicarlos.

Como ya señalé anteriormente el joven poeta es el encargado de narrar su propia historia, mezclando recuerdos con sueños, angustias y temores. En ese sentido, no es sólo la crónica de una historia de amor imposible sino que a través de esas evocaciones, se nos describe un tipo de vida, de ritos y costumbres, que son añorados con melancolía, mostrando un tiempo pasado que ya no volverá, aspecto éste que entronca directamente con el Proust de Por El Camino De Swan. De igual modo, los recuerdos de Attila surgen a partir de sensaciones, objetos, paisajes o lugares, algo que evidencia la fuerte influencia proustiana en Szilárd Rubin como narrador.

Breve historia de un amor eterno es una novela dura, que no cae en fáciles cursilerías ni la tentación del sentimentalismo y que se me antoja muy real hasta el punto que parece autobiográfica. Hay violencia, maltrato físico y una cierta misoginia ya que el autor nunca nos permite conocer la opinión de Orsolya. De ella, se habla muy mal no sólo por parte del amante despechado sino también por sus amigos. Los hechos posteriores – con quién terminó casada, por ejemplo –  parecen darles la razón pero el uso del narrador único impide saber si realmente ella llegó a querer o no en alguna ocasión a Attila o todo fue una burla o un engaño por su parte como defienden sus amigos o conocidos. Por eso, echo en falta escuchar su voz, su versión de la historia.

Otro aspecto que no ha terminado de convencerme del todo es un exceso de localismo o referencias a la historia política húngara, lógicas por otro lado ya que el autor es de esa nacionalidad, pero que, de alguna forma, me impidieron llegar a comprender al cien por cien algunas momentos o situaciones de la novela, debido a mi desconocimiento de la historia de Hungría. Por eso, si el lector no está muy familiarizado con la situación de este país tras la Segunda Guerra Mundial, quizá pueda quedarse, como me sucedió a mí, con la sensación de que se ha perdido algo. Pienso que el tema político está muy presente también en la crónica de este desamor; no es sólo un problema de clases el que termina con la relación de los dos amantes, sino que en esta ruptura existe también un trasfondo político que no llego a pillar del todo.

JOSEPH B MACGREGOR

 RESEÑA PUBLICADA EN “EL PLACER DE LA LECTURA”

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