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Archive for 20 marzo 2012

Opinión de JOSEPH B MACGREGOR

El Tesoro de los Franceses es una amena, entretenida e interesante novela corta, basada en hechos históricos. Está ambientada en la localidad de Belmez (Córdoba), en los años en que la mayor parte de la Península estaba dominada por el Imperio Francés; se enmarca justo en el momento en que el ejercito británico al mando del general Wellington  entra en la Península para enfrentarse  a las tropas napoleónicas con objeto de expulsarlas definitivamente del territorio español.

Al parecer, en Belmez se produjeron una serie de sucesos muy curiosos (y que no conviene destripar) que provocaron la huida de las fuerzas napoleónicas que invadían el pueblo y mantenían sometida a la ciudadanía. De estos hechos da buena cuenta Diaz-Villaseñor en El Tesoro de los Franceses y para ello toma como excusa la peripecia de un grupo de oficiales franceses que emprenden la tarea de buscar en el interior de las ruinas de un edificio, la pequeña talla de una virgen de gran valor para los habitantes de la localidad.

Gran parte de la novela se ocupa en detallar como se produjo la toma del pueblo por los franceses y los trágicos acontecimientos que se produjeron como consecuencia de la invasión mientras que los últimos capítulos se centran más en la peripecia de los soldados por encontrar la virgen.  Mientras que la primera parte resulta bastante interesante, rica en detalles, narrada en la extensión justa,  la trama del “tesoro” se resuelve con demasiada rapidez y apenas da tiempo a digerirla. Pienso que habría sido necesario que pasaran más cosas o que los participantes del robo hubieran experimentado mayores peligros o aventuras.

Destaco también la especial habilidad del autor para describir escenas truculentas, inspiradas en algunos apuntes de Goya (y en datos probados), y que tienen que ver con los crueles ajusticiamientos efectuados por parte de los rebeldes españoles o los bandoleros contra oficiales de las tropas napoleónicas.

Así,  la obra en conjunto resulta de lectura fácil, nada densa para ser una novela de ambientación histórica, narrada con agilidad, sustentada en un armazón sólido, de gran poder de convicción, pero sobre todo y lo más importante profundamente entretenida.

JOSEPH B MACGREGOR

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OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

La nueva propuesta del periodista y escritor Javier Márquez Sánchez no puede ser más estimulante y eficaz; ahí es nada: tratar de evocar esas novelas clásicas de género negro que cultivaron genios de la literatura como Caroll Jon Daly, Dashiell Hammett, Raymond Chandler,  Mickey Spillane o Ross MacDonald, por citar varios de los considerados como precursores de este tipo de literatura.

Al contrario que en las novelas de misterio de Agatha Christie o similares, lo importante no es descubrir quién cometió el crimen, ni siquiera la investigación resulta fundamental en la trama, sino la descripción de unos ambientes de lumpen, corrupción y delincuencia, así como la aparición de una serie de personajes – algunos de ellos se han convertido en el transcurso del tiempo en prototípicos  (el policía corrupto, el boxeador noqueado que se ha convertido en protector de gangsters, la prostituta, la femme fatale, el detective alcohólico y perdedor, el chantajista, el dueño del cabaret o del casino) – y que forman parte del lado más oscuro y salvaje del sueño americano.

De igual modo, el lenguaje de este tipo de historias suele ser bronco, cortante y áspero, así como los diálogos, en algunos casos, auténticos tours de force en los que los personajes compiten por decir la brutalidad o el exabrupto más grande (o la respuesta más ingeniosa). En ese sentido, me parecen dignas de reseñar no sólo los ágiles y excelentes diálogos de esta novela, sino sobre todo las escenas de acción o violencia. Me parecen  muy bien desarrolladas y descritas, muy visuales, tremendamente agresivas y bizarras. En ellas se hace más evidente la afición de Márquez por el cine de  Peckinpah o de Don Siegel.

Así, la evocación que Márquez realiza de este tipo de novelas es tan académica como rigurosa. En todo momento, uno tiene la sensación de estar leyendo una historia escrita en aquellos años (si obviamos el prólogo y epílogo de la narración, ambientados en los 90) y el estilo de contar las cosas se parece mucho – con esa voz en off que conduce la trama, por ejemplo  – al empleado por algunos de los autores de género negro citados anteriormente. Pero, estos no sólo buscaban entretener a sus lectores sino que sus novelas funcionaban además como una crónica veraz de la realidad que retrataban en sus historias. En ese sentido, Letal como un solo de Charlie Parker se desarrolla en ambientes y escenarios fantásticamente descritos, muy reales y verídicos, potenciando la verosimilitud de la historia.

Es cierto que Márquez Sánchez no reflexiona sobre los problemas de la sociedad del siglo XXI (al menos no directamente o de manera evidente), aunque sí saca a la luz  una serie de hechos que tienen que ver con la colaboración de la Mafia o los gánsters con el gobierno de los Estados Unidos en los años 50, haciendo gala una vez más de sus amplios conocimientos sobre la historia americana de esos años (Sinatra, La Mafia, El Nacimiento de las Vegas, El Rat-Pack, etc.) así como cinematográficos o musicales. En ese sentido, la trama se sustenta en una base sólida y convincente, en la que el autor mezcla sucesos y personajes reales con otros que surgieron de su imaginación o que pertenecen a la Leyenda Negra Hollywoodense.  Sin embargo, es difícil mientras uno está inmerso en la lectura del libro distinguir con claridad qué cosa es ficticia y cuál verídica, debido a la convicción y el pulso firme con que la historia está contada.

Letal como un solo de Charlie Parker está protagonizada por un personaje prototípico de las novelas o films de género negro,  Eddie Bennet, alias El Figura, un personaje duro, acostumbrado a “hacer trabajitos”,  pero a la vez tremendamente vulnerable y que me evocó de inmediato al Robert Mitchum de Retorno al Pasado (Out of the Past, 1947)  o al  Burt Lancaster de Forajidos (The Killers, 1946), sujetos de vocación: perdedorÉl solo se enreda en un tremendo embrollo sin razón aparente; no es detective ni nadie le ha contratado para que resuelva el asunto y sin embargo no ceja en su empeño hasta descubrir la verdad. El diseño del personaje me parece muy certero y pienso que resulta muy atractivo para el lector.

Al igual que le ha pasado a Woody Allen en su última película – Midnight in Paris – que fue acusado por parte de algunos críticos de ofrecer un paisaje bastante idealizado del Paris que aparece en el film (el de Hemimgway, Picasso o Fitzgerald), es posible que también podamos decir lo mismo de la manera en como Márquez Sánchez nos presenta o describe a  grandes celebridades como John Wayne, Susan Hayward , Dean Martin o Sinatra, ya que parecen nacer más de la visión que tenemos de ellos a través de sus películas que de la vida real. Por ejemplo, durante el encuentro entre Eddie Bennett, alias el Figura y Wayne éste se nos muestra más como un tipo impulsivo que todo lo resuelve a puñetazos (como en una peli de John Ford) que una persona de carne y hueso, el cual  en la vida real  y una vez acabado el rodaje, es muy posible que no acostumbrara a llevarse sus personajes a casa.

Quizá para los más cinéfilos (como es mi caso) el desenlace del misterio no resulte del todo sorprendente (sobre todo sí eres aficionado a leer libros de cine o páginas de Internet en las que se cuentan secretos sobre rodajes de películas, actores o actrices, directores málditos, etc.); pero, como ya señalé al comienzo de la reseña, lo importante en este caso no es tanto resolver por qué mataron a la chica sino todas las peripecias por las que el protagonista va pasando hasta llegar a resolver el asunto así como los personajes con los que se va encontrando o enfrentando a lo largo de su periplo personal.

 JOSEPH B MACGREGOR

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OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

Fresca, divertida e ingeniosa son tres de los calificativos que se podían aplicar a EL ASESINO MEDIÁTICO, novela juvenil, pero con aspiraciones de llegar al máximo público posible (al menos así lo ha declarado Lourdes Fernández, la autora), y segundo título de la trilogía (de la cuál sólo se han publicado dos títulos hasta esta fecha) El Club de los detectives incomprendidos.

Fernández introduce a lo largo de la trama y a través de estos tres detectives incomprendidos (una chica y dos chicos) citas directas a Harry Potter, La Saga Crépusculo, Narnia, Películas famosas, juegos de videoconsolas, clásicos de la literatura etc. ; para conseguir así una mayor identificación con ellos por parte de los jóvenes lectores. De igual modo, la descripción del instituto y de la vida estudiantil resulta bastante realista y creíble, tanto por las cosas que pasan como por los sentimientos que los tres chicos experimentan en dicho entorno, similares a los de muchos adolescentes de Secundaria del 2012.  La autora los presenta como unos chicos de hoy en día, algo frikis pero muy voluntariosos y osados, cuya personalidad se corresponde también con la de muchos lectores aficionados a este tipo de historias de corte fantástico. En ese sentido, la novela me parece que consigue su cometido con eficacia.

La historia resulta muy desconcertante ya que pasa de un género a otro, jugando así con las expectativas del lector y con su capacidad de asombro. En un principio, se nos plantea un misterio de corte policial, con vocación de thriller juvenil (o en todo caso, protagonizado por adolescentes) pero, paulatinamente, la autora introduce elementos de corte fantástico, con claras influencias del ciclo de las Crónicas de Narnia o novelas similares, así como conflictos de tono realista y que tienen relación con los problemas de los tres protagonistas en su Instituto de Secundaria (amoríos, relación con los profesores, ambiente de apatía y absentismo escolar…). La conjunción de estos tres géneros podía haberse traducido en una narración caótica o deslavazada pero Lourdes Fernández consigue salir más o menos airosa de tan arriesgada propuesta gracias al sentido del humor con que sazona la mayoría de las situaciones en las que los tres jóvenes detectives se ven envueltos o con la que describe los usos y costumbres de los seres o mundos fantásticos que aparecen a lo largo de la trama; humor que con frecuencia tiende a la parodia (o sí se prefiere a la autoparodia)  y que demuestra la inteligencia de la autora, capaz de reírse de sí misma (o de lo que nos muestra), aunque trate a sus criaturas con cariño y sin llegar a faltarles el respeto nunca ni a ridiculizarlos.

Sin embargo, sí que me parece que en algunas ocasiones el cambio de tono (de lo humorístico a lo dramático) no se produce con la suficiente suavidad, perjudicando en parte a la historia policial o detectivesca, que exige, desde mi punto de vista, un tratamiento más grave y riguroso. De hecho, opino que la novela funciona mucho mejor cuando opta por lo fantástico o por describir la vida de los protagonistas que cuando se torna un poco más seria y dramática (la trama del asesino mediático), aunque la autora demuestre un buen manejo del suspense y de las escenas de acción, algo que se evidencia sobre todo cuando se produce el desenlace del conflicto.

JOSEPH B MACGREGOR

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Opinión de Joseph B Macgregor

Casas en el crepúsculo es una bonita novela corta escrita por un autor clásico, hasta este momento absolutamente desconocido para mí, Eduard Von Keyserling, escritor y dramaturgo encuadrado dentro de la corriente del impresionismo alemán. En la literatura alemana, se pueden considerar impresionistas Theodor Storm (1817-88),  Adalbert Stifter (1805-68), Berthold Auerbach (1812-82); los poetas Arno Holz (1863-1929), Peter Altenberg (1859-1919) y Hugo von Hofmannsthal. El más célebre de todos fue el novelista austriaco Stefan Zweig (1881-1942). En la novela de Von Keyserling se reflejan perfectamente las características más destacadas de dicho movimiento literario y que paso a describir a continuación.

Nos encontramos con una historia ácida y muy crítica con las clases sociales altas, en este caso los personajes pertenecen todos a la aristocracia rural báltica, en la que se pone especial énfasis en el conflicto entre tradición y modernidad, entre lo caduco (representado por el Barón Von Der Wharte y su hermana la baronesa Arabella, o por la familia Plot por ejemplo) y lo nuevo  (ejemplarizado en la joven Fastrade, hija del barón, o la romántica Gerturd Port). En ese sentido, el autor se nos muestra algo pesimista porque finalmente la fuerza de las normas sociales pesa demasiado y parece que los personajes más rebeldes claudican o se rinden, sintiéndose incapaces de romper con las estrictas leyes de la manada. Uno de los aspectos más destacados del naturalismo literario alemán es precisamente ese, la crítica a una aristocracia de rancio abolengo que estaba pronta a desaparecer o cambiar de usos y costumbres.

Como eje pertubador de dicho conflicto nos encontramos con el barón Dietz von Egloff,sujeto por el cuál se siente atraído irremediablemente Fastrade ya que cree que a través de su influencia éste conseguirá la redención. Jugador, alcohólico, juerguista, vividor, amante de la caza, dicha afición lo define también en el terreno sentimental ya que considera a la mujer como una presa más que una vez cazada le despierta poca interés y la olvida. La joven baronesa cree que a través del amor podrá cambiarlo y convertirlo en otra persona y el propio Egloff cree sentir algo diferente por esta mujer, pero es demasiado rebelde y aunque lucha por adaptarse a las convenciones de su amada le resulta muy difícil llegar a complacerla, cambiar y transformarse en un sujeto de moralidad intachable. Por otro lado, la influencia del barón también se hace presente en la joven Fastrade ya que gracias a él consigue saltarse algunas normas sociales y sentirse un poco más libre del encorsetado ambiente en el cuál se desarrolla su vida habitualmente. En ese sentido, su relación sentimental es la que hace saltar el conflicto entre tradición y modernidad al que antes hacíamos referencia, ya que nos aceptada ni por su padre ni por el entorno social en el cuál se mueven. Sus costumbres – un simple paseo matinal por el campo – son considerados como un escándalo.

Es una novela por tanto que da gran importancia a la psicología de los personajes, una de las características esenciales del naturalismo literarios alemán. Todo ellos están estupendamente explicados o caracterizados, tanto los principales como los más secundarios, y se nos aparecen como muy reales y auténticos.

De igual modo, los escenarios en los cuáles transcurre la acción poseen una importancia vital. Son descritos con rapidez, en cuatro trazos, destacando sobre todo las sensaciones que estos producen en los protagonistas del suceso. Esto se traduce no sólo en una agilidad narrativa digna de aplauso, sino en un texto repleto de fragmentos de gran belleza plástica pero exentos de barroquismos o largas y cansinas descripciones. En ellos, el autor sabe trasmitir las emociones de los personajes al lector haciéndole partícipes de ellos con gran maestría, lo que nos permite conocerlos muy bien, empatizar y comprender sus razones.

Destaca también el hecho de que siendo básicamente una historia de amor /desamor en ningún momento el narrador se deje llevar por el sentimentalismo o por diálogos almibarados o excesivamente románticos sino que resultan más bien un tanto fríos o cerebrales; por ejemplo, en los diálogos que mantienen los dos amantes aparecen escasas muestras de afecto, sino que más lo que se produce es una confrontación de ideas o de diferentes maneras de pensar o de ver las cosas y sin embargo, notamos que efectivamente están enamorados.  Reconozco que este aspecto me resultó algo chocante pero a la vez coherente con el tipo de persona que protagoniza la novela, acostumbrados a controlar sus sentimientos y a no hacer gala de ellos en público.

En conjunto, me ha parecido una novela muy agradable de leer, ágil y bastante emotiva. Los personajes se hacen querer porque, como ya señalé antes, el autor nos permite conocerlos muy bien y comprenderlos; de ese modo, nos resulta más fácil ponernos en su lugar. La historia está muy bien resuelta – a pesar del pesimismo del que hace gala en su desenlace – y en general, es una novela pequeña pero bien narrada y contada.

JOSEPH B MACGREGOR

Para mayor información sobre la novela o el autor pueden consultar la Ficha de Erasmus Ediciones

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