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Archive for the ‘Reseñas de EL PLACER DE LA LECTURA’ Category

Opinión de Joseph B Macgregor

Coronel Jack es una entretenida narración de aventuras y redención que comparte algunos puntos en común con Robinsón Crusoe, su obra más célebre, y que tiene que ver con que ambas son historias de una superación personal, la crónica de un superviviente; y con Moll Flanders, otra de sus novelas más valorada, su adscripción al género picaresco.

La narración adopta la forma de un libro de memorias que el protagonista (del que sólo conocemos su seudónimo Coronel Jack) inicia cuando cree haber conseguido su objetivo: convertirse en un hombre decente o lo que es lo mismo (así lo considera él al menos) un caballero con gran poder económico. En ese sentido, llama la atención la ausencia de capítulos, sobre todo porque la historia funciona por acumulación de peripecias o acontecimientos y el lector necesita un descanso. Sin embargo, semejante opción viene motivada precisamente por su vocación de libro de memorias en el que el protagonista nos relata su propia vida de manera continuada.

Las intenciones del autor son claramente moralizantes; incluso en ocasiones no se ocultan las creencias religiosas de Daniel Defoe. En el proceso de dignificación personal del Coronel Jack está muy presente la acción de Dios; toda la buena fortuna que experimenta el protagonista parece estar provocada por la providencia divina. Al menos así, lo creen no sólo él sino también otros personajes secundarios de la historia. Sin embargo, lo cierto es que Jack posee una gran intuición, astucia e inteligencia y en realidad son estas cualidades las que le permiten salir airoso de todos los apuros en los que se ve envuelto.

Así, Coronel Jack es un superviviente cuyo principal objetivo en la vida es salir de la miseria, dejar de ser un pequeño ratero, y convertirse en un ciudadano de orden. El pequeño huérfano roba para vivir pero pronto es consciente de que va por mal camino y que tiene que cambiar. Todas las aventuras que éste protagoniza, los conflictos que va resolviendo, buscan cumplir tan ambicioso afán por lo que el personaje entronca con grandes pícaros de la literatura inglesa como Tom Jones de Henry Fielding o Barry Lyndon de William M. Thackeray e incluso con nuestro Lazarillo de Tormes, aunque la obra de Daniel Defoe carece del tono fresco y vodevilesco de la primera o del eficazmente satírico de las segundas.

JOSEPH B MACGREGOR

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Opinión de Joseph B Macgregor

Eginald Schlattner Norbert es uno de los escritores Rumäniendeutsch más celebrados de su país. Habla y escribe en rumano y alemán (el alemán es su idioma nativo). Nació el 13 de septiembre 1933 en Arad. Creció y pasó su juventud en la ciudad de Fogarasch (Transilvania) conviviendo con diferentes grupos étnicos: rumano, húngaro, alemán, hebreo, armenio y gitanos. Esta mezcolanza viene motivada porque tras la Segunda Guerra Mundial, Transilvania se convirtió en territorio rumano. Por eso, en las novelas de Schlattner está muy presente el carácter húngaro-rumano (o viceversa) del autor e intenta reflejar las trágicas experiencias, y por derivación de las inquietudes o desasosiegos, de una población sometida primero a la represión nazi y posteriormente a la de los “liberadores” comunistas.

Estudió en Klausenburg—hasta su expulsión de la universidad—Teología, Matemáticas e Hidrología. En 1957 fue arrestado y en 1959 juzgado por deslealtad y alta traición. Durante 20 meses fue torturado física y mentalmente por las autoridades comunistas, fue maltratado, golpeado y sometido a tácticas de inanición. Finalmente, acepta cooperar con los investigadores: “. Fue una decisión límite, después de meses de resistencia, por lo que asumo la responsabilidad”. No obstante en noviembre de 1959 será condenado por el delito de alta traición a dos años de prisión y confiscación de bienes, castigo que fue compensado por el período de prisión preventiva. Después de salir de la cárcel, las autoridades comunistas le dieron la oportunidad de salir de Alemania. “Todos los ex-presos políticos de inmediato recibieron el pasaporte, ya que el régimen estaba feliz de deshacerse de ellos. Entonces, una voz interior – yo sabía que era la voz de Dios – me dijo: “¡No te vayas! “ Tan trágica experiencia servirá como inspiración de gran parte del argumento de Guantes Rojos.

Tras su puesta en libertad, trabajó como jornalero y más tarde como ingeniero. En 1973 retomó los estudios de Teología. Hoy en día es párroco de prisiones y vive en Hermannstadt.

Sus obras poseen un marcado barniz autobiográfico, centradas en denunciar los usos y abusos – los cuáles experimentó en carne propia – del régimen comunista en los territorios húngaros-rumanos. Guantes Rojos es la segunda parte de una gran trilogía sobre una familia transilvana que inicia El gallo decapitado (1998) y concluye El piano en la niebla (2005).

La novela se ambienta en los años posteriores a la Revolución Húngara de 1956, movimiento contrarrevolucionario de carácter nacionalista en contra del gobierno de la República Popular de Hungría y las políticas impuestas por la URSS. Duró del 23 de octubre al 10 de noviembre de 1956 y fue aplastada de manera fulminante por el Gobierno Comunista; años caracterizados por una fuerte represión en los que cualquiera podía ser sospechoso de traidor al régimen. Así, jóvenes estudiantes fueron sometidos a la incomunicación y a la tortura para conseguir que delataran a sus conocidos, amigos o seres queridos. Entre los detenidos por los agentes de la Securitate se encuentra un universitario y autor literario húngaro-rumano (alter-ego de Eginald Schlattner), al que se incita a que delate a conocidos, amigos o miembros de su familia. Para conseguir su confesión el joven es sometido a unos crueles interrogatorios. Encerrado en su celda de incomunicación hace balance de su vida, evocando así a las personas sobre las que le interrogan y que se niega a delatar. No es difícil encontrar semejanzas entre las duras experiencias vividas por el escritor y por las padecidas por el protagonista de novela.

Se trata, por tanto, de un texto seco, duro y claustrofóbico, que no escatima en detalles, repletos de momentos muy agresivos, dolorosos y desagradables… muy reales. Pero también es una novela muy densa, con un exceso de disquisiciones filosóficas que no me provocan demasiado interés, más bien me aburren. Sin embargo, si me convence como testimonio de una realidad, triste y dolorosa, cruel y terrible, y que uno desearía no volviera a suceder jamás (aunque esas cosas, desgraciadamente, siguen pasando).

JOSEPH B MACGREGOR

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Última isla – Lafcadio Hearn

Ambientada en la costa de Nueva Orleans, Última Isla es una novela en la que el paisaje se convierte en el personaje principal de la historia durante gran parte de la narración. Hasta prácticamente la mitad de la misma, Lafcadio Hearn nos describe con escrupulosa minuciosidad hasta el más pequeño recoveco del escenario en el cuál va transcurrir la acción, concentrada en la última parte de la novela. Así, la isla adquiere una importancia fundamental, así como la atmósfera, los colores, la brisa, los aromas y olores, el paso de los pequeños vapores que realizan su travesía de una isla a otra, la vida de los isleños, etc. De igual modo, los fenómenos atmosféricos – en ese caso, un par de vendavales acompañados de un devastador maremoto – son descritos con gran precisión, trasmitiendo una inquietante sensación de angustia en el lector de manera eficaz, como si fueran testigos del desastre en directo y en primera persona.

El maremoto cubre por completo Última Isla, provocando la muerte instantánea e inevitable de la mayor parte de sus habitantes. A partir de aquí, comienza una historia protagonizada por un matrimonio de pescadores de una isla cercana que consiguen rescatar de las aguas a una pequeña, la cual adoptan ya que se presupone que sus padres murieron durante el desastre. En esta parte de la narración, hay una descripción profunda de sentimientos, experiencias y sensaciones que van sufriendo los distintos personajes que la protagonizan, consiguiendo un admirable equilibrio entre el mundo interior y exterior de cada uno de ellos, una correspondencia perfecta.

Existe además, por parte de Lafcadio Hearn, una preocupación por cuidar la arquitectura de la novela. Así, Última Isla se nos muestra como una obra de artesanía, en la que la palabra tiene una importancia enorme así como el modo en que se construyen los párrafos, con enorme pulcritud. Consigue así una narración de gran belleza en la que no importa tanto lo que cuenta sino como lo cuenta. De hecho, el único conflicto que se plantea resulta algo previsible.

Por lo tanto, Última Isla se disfruta por la impresionante labor de artesanía realizada por Lafcadio Hearn y por la manera tan hermosa que tuvo éste de contar su historia en la que lo sensorial (colores, sentimientos, atmósfera) adquiere una transcendencia vital como vehículo para trasmitir emociones en el lector.

JOSEPH B MACGREGOR

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OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

La niña que iba en hipopótamo a la escuela (Premio Tanizaki 2006), nos cuenta una bonita y emotiva historia de amistad entre dos niñas, que al final, nos deja además con un buen sabor de boca. La narración está ambientada en el Japón de los años 70, y pertenece al ciclo dedicado a la amistad y la infancia ideado por la novelista japonesa Yoko Ogawa (Okayama, 1962).El primer título de esta serie de novelas fue La fórmula preferida del profesor (Funambulista, 2008), best-seller internacional, del que se vendieron más de dos millones de ejemplares sólo en su país.

Las protagonistas de la historia son dos niñas, Tomoko, huérfana de padre, la cual
se traslada del campo a la ciudad (por lo que verá obligada a alejarse de su madre) para iniciar allí su estudios de secundaria, y su prima Mina, la cual utiliza a una hipopótama enana como medio de transporte para trasladarse de su casa al colegio, ya que padece asma y no puede fatigarse demasiado. Algunos de los parientes de Tomoko (su tío, su tía abuela Rosa) son de ascendencia alemana. Este aspecto aporta a la novela una cierta novedad ya que habitualmente la literatura nipona se centra en describir usos y costumbres típicamente japoneses, confrontando en muchas ocasiones tradición con progreso.

Por eso, el carácter mestizo de la familia de Tomoko, presente en un tipo de vida en el que se mezcla lo oriental y lo europeo, se refleja también en el modo de narrar de Yoko Ogawa cuyo estilo surge de la simbiosis de las distintas influencias literarias de la autora y que van desde El diario de Ana Frank, Iván Turguenev o Katherine Mansfield hasta las obras de Kenzaburo Oé o del Premio Nobel Yasunari Kawabata.

Por eso, sorprende mucho la manera de narrar de Ogawaya ya que no se tiene la sensación de estar leyendo una novela japonesa al uso o de corte tradicional, sino que posee la prosa, la estructura y el ritmo de una historia europea o incluso norteamericana (Matar a un ruiseñor de Harper Lee).

No existe un conflicto central sobre el cual giran los personajes. La narración describe una serie de anécdotas o peripecias, que suelen ocupar un capítulo o dos, y que surgen de los recuerdos o evocaciones de una Tomoko adulta y en los que describe la relación tan especial que mantuvo con su prima Mina y con el resto de habitantes de la casa, incluida la pequeña hipopótama.

Algunos de los sucesos más trascendentes acaecidos en Japón a comienzos de los 70 (El suicido del Premio Nobel Yasunari Kawabata, Los atentados terroristas de las Olimpiadas de Munich o el triunfo del equipo de vóleibol japonés en dichas olimpiadas) adquieren gran importancia o trascendencia a lo largo de la historia. Así, la Tomoko adulta describe de qué modo afectaron dichos acontecimientos en la vida de sus familiares o en las dos crías, como una suerte de “Cuéntame cómo pasó” nipón. Sin embargo, igual de importantes para ella son los pequeños detalles, los momentos sentimentales o emotivos, las anécdotas entrañables, las aventuras cotidianas; en definitiva todo lo que Tomoko compartió o experimentó con cada uno de los miembros de su familia, pero especialmente con su prima.

De todos estos recuerdos, pienso que cobra una gran importancia la colección de cajas de cerillas de Mina y, sobre todo, los cuentos que ésta escribe inspirados en los dibujos o ilustraciones de cada una de ellas; narraciones fantásticas que comparte y deja leer a su prima Tomoko y en la que demuestra una gran capacidad de fabulación y una profunda sensibilidad. Dentro de la historia, aportan un toque de emoción y originalidad que se agradece mucho.

En general, La niña que iba en hipopótamo a la escuela me parece una novela entrañable y muy emotiva que deja un poso en el lector, repleta de humanidad y autenticidad y que por eso no te dejará indiferente.

JOSEPH B MACGREGOR

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FICHA TÉCNICA de PULPBOOKS

Opinión de Joseph B Macgregor

Desde mi punto de vista, Querida Catástrofe, el nuevo libro de Teresa Moure, es una novela fresca, divertida y desenfada ideal para leer en verano. La historia se centra en describir la crisis de una pareja joven así como de qué modo intenta cada uno de ellos dar un poco de aire fresco a su relación. Se desarrolla entonces una suerte de vodevil de ambiente burgués y que sirve como excusa a la autora para reflexionar sobre lo complicadas y contradictorias que son en muchas ocasiones las relaciones sentimentales.

Por otro lado, el punto de vista adoptado me ha parecido sin duda lo más interesante o sugestivo de la novela en cuestión. La narradora de la historia, presunto alter ego de la autora, se convierte en uno de los protagonistas esenciales de la narración. Aunque no interviene directamente en la acción de los personajes, sí que los critica, se burla de ellos o expresa sus recelos o dudas sobre los conflictos que se van planteando a lo largo de la historia. De igual modo, interpela al lector, interrumpiendo la acción, y se atreve a darle consejos sobre cuándo y cómo leer la novela, qué actitud tomar, en que momento es más adecuado leer un capítulo concreto, etc.

Sin embargo, pienso también que la presencia de esta narradora ensombrece en muchas ocasiones las peripecias de los personajes implicados en la historia, adquiriendo, desde mi punto de vista, un excesivo protagonismo que perjudica la narración, la entorpece o consigue que me distancie un poco de lo que estoy leyendo.

Por último señalar, la importancia vital que posee en cada una de las peripecias descritas en la novela el mundo de las sensaciones que experimentan los personajes (las caricias, los gestos de cariño o de seducción). En ese sentido, se pone especial énfasis en la piel como principal órgano transmisor de éstas, aspecto éste que me parece especialmente cuidado por parte de la autora y que aporta un elemento extra de interés a la historia.

JOSEPH B MACGREGOR

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Opinión de Joseph B Macgregor

Breve historia de un amor eterno es la crónica de una obsesión, la de un hombre (Attila) por una mujer (Orsolya) de la que éste cree estar enamorado, pasión que dura muchos años de su vida y que deriva en una perniciosa mezcla  de masoquismo y de culpabilidad. Por lo tanto, es también una historia de autodestrucción en la que el protagonista, único narrador de la novela, es capaz de perder su propia dignidad, instalado en el autoengaño de un amor que ya no existe y la melancolía de un tiempo pasado que ya no volverá.

La acción se sitúa en Hungría, poco después de la Segunda Guerra Mundial. Orsolya pertenece a una familia de rancio abolengo, mientras que Attila es “La vergüenza de la clase, el adolescente que suspendía exámenes y los tenía que repetir, el alumno don nadie que fue educado por su abuela, la vendedora del mercado…” (pag.11).  Sin embargo, comienza a publicar sus primeros libros y es considerado como joven talento de las letras por la sociedad de la época, por lo que es invitado a una serie de veladas aristocráticas en las que vivirá su historia de amor con Orsolya. Pero el tema de la diferencia de clase entre ambos será  motivo de constante preocupación por su parte ya que piensa que a la larga podrá perjudicarle en su relación y que ella terminará rompiendo con él por ese motivo. Con el tiempo, sus temores se verán justificados pero Attila no acepta que ella haya dejado de quererle por lo que comenzará a acosarla, iniciando así un imparable proceso de autodestrucción que culminará en el patetismo más atroz:

Las mujeres jirafa, con las vértebras separadas, mueren sin remedio si se les quitan los anillos. El cuello, anormalmente alargado, se desploma, y la cabeza cae inerte sobre el pecho.

Los años pasados con Orsolya me habían convertido en los anillos de plata sujetos a las vértebras de esas aborígenes. El yo sin independencia intentaba en vano levantar su cuello de jirafa, no podía vivir sin apoyo. “(Pág. 183).

De este modo, aunque Attila es culpable al no aceptar que todo ha acabado y que nunca podrá recuperarla, también es cierto que ella siempre deja abierta una puerta a la esperanza como una forma de acallar sus constantes acosos.  Ambos mantienen una suerte de relación sadomasoquista que les beneficia pero que a la larga terminará por perjudicarlos.

Como ya señalé anteriormente el joven poeta es el encargado de narrar su propia historia, mezclando recuerdos con sueños, angustias y temores. En ese sentido, no es sólo la crónica de una historia de amor imposible sino que a través de esas evocaciones, se nos describe un tipo de vida, de ritos y costumbres, que son añorados con melancolía, mostrando un tiempo pasado que ya no volverá, aspecto éste que entronca directamente con el Proust de Por El Camino De Swan. De igual modo, los recuerdos de Attila surgen a partir de sensaciones, objetos, paisajes o lugares, algo que evidencia la fuerte influencia proustiana en Szilárd Rubin como narrador.

Breve historia de un amor eterno es una novela dura, que no cae en fáciles cursilerías ni la tentación del sentimentalismo y que se me antoja muy real hasta el punto que parece autobiográfica. Hay violencia, maltrato físico y una cierta misoginia ya que el autor nunca nos permite conocer la opinión de Orsolya. De ella, se habla muy mal no sólo por parte del amante despechado sino también por sus amigos. Los hechos posteriores – con quién terminó casada, por ejemplo –  parecen darles la razón pero el uso del narrador único impide saber si realmente ella llegó a querer o no en alguna ocasión a Attila o todo fue una burla o un engaño por su parte como defienden sus amigos o conocidos. Por eso, echo en falta escuchar su voz, su versión de la historia.

Otro aspecto que no ha terminado de convencerme del todo es un exceso de localismo o referencias a la historia política húngara, lógicas por otro lado ya que el autor es de esa nacionalidad, pero que, de alguna forma, me impidieron llegar a comprender al cien por cien algunas momentos o situaciones de la novela, debido a mi desconocimiento de la historia de Hungría. Por eso, si el lector no está muy familiarizado con la situación de este país tras la Segunda Guerra Mundial, quizá pueda quedarse, como me sucedió a mí, con la sensación de que se ha perdido algo. Pienso que el tema político está muy presente también en la crónica de este desamor; no es sólo un problema de clases el que termina con la relación de los dos amantes, sino que en esta ruptura existe también un trasfondo político que no llego a pillar del todo.

JOSEPH B MACGREGOR

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Opinión de Joseph B Macgregor

Desde mi punto de vista, La Llamada es una bonita novela de ciencia-ficción que, pese a algunos defectos, consigue algo que considero esencial siempre que leo un libro y es una cierta capacidad para sorprenderme constantemente. La historia parte un planteamiento inicial – la sorpresiva llamada telefónica que recibe Gracia Durán, una mujer desesperada, al borde del suicido, por parte de un desconocido –  que paulatinamente va derivando hacia otras cuestiones inesperadas. Así, hay un momento en la narración en que el asunto de la llamada no tiene la importancia o transcendencia que parecía  tener al comienzo y es sustituido pronto por un conflicto diferente, que no conviene desvelar. De igual modo, el personaje de Gracia Durán que daba la impresión al inicio tendría más importancia en la trama, es desbancado en interés y protagonismo por el aventurero Walker Jones, verdadero héroe de la historia. Todo esto, causa un cierto desconcierto en el lector y da la impresión de texto  creado sobre la marcha. Sin embargo, esa capacidad para cambiar inesperadamente de conflictos o personajes me parece muy positiva y motivadora.

Olga Guirao nos ofrece una narración amable, en la que predomina el buen rollo y los buenos sentimientos. Se nos invita además a reflexionar sobre temas filosóficos y teológicos que nos preocupan a todos y que tienen que ver con el sentido de la vida, para qué y por qué estamos aquí, la necesidad de Dios o la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos, con los demás y por extensión con la supervivencia de nuestro planeta, pero lo hace de manera asequible y clara. Sin embargo, pienso que hay también un exceso de conversaciones y explicaciones, que ocupan gran parte de la trama, dejando los momentos de acción o aventura para los últimos capítulos. Quizá este aspecto pueda provocar una cierta impaciencia en algunos lectores ya que da la sensación de que las aventuras nunca van a empezar. Sin embargo, otro tipo de lector puede encontrar esas conversaciones o reflexiones muy interesantes o motivadoras ya que la autora las expresa de manera accesible y muchas personas pueden sentirse muy identificadas con éstas.

JOSEPH B MACGREGOR

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